El
malestar en el trabajo una mirada desde la prevención
En medio de la pandemia y luego de ella es muy frecuente escuchar, ver, leer sobre salud mental, es ya un tema mediático y presente en las conversaciones de muchos; esto ha traído algunas consecuencias una de ellas es que se asocie salud mental con algún tipo de padecimiento o trastorno y lo que surja de ello con mayor frecuencia sea la depresión y la ansiedad.
Otras de las consecuencias es concebir la salud mental en
positivo y la imperiosa necesidad de tener que experimentar la felicidad por
encima de todo, como una meta de vida, descontextualizando esa vida y
haciéndola depender solo de la motivación y la responsabilidad individual
exclusivamente.
Me he referido a los extremos de un continuo en el cual hay
tanto tonalidades de malestar como de bienestar, como si de una paleta de
colores se tratara. Dentro de esta
multiplicidad de tonos de la experiencia vital, quizás transite gran parte de
la población y dentro de ella, la personas que trabajan.
Considero que invisibilizar esta diversidad de tonalidades
del malestar y del bienestar quizás podría surgir del aprendizaje dicotómico. Nos
han enseñado a pensar principalmente en los extremos no sé si por comodidad
cognitiva o para evitar a toda costa el desarrollo del pensamiento crítico que
invita a dilucidar tonalidades de los procesos humanos y mirarlos desde la
integralidad y complejidad que representan.
Atender los malestares de las personas que trabajan y que
surgen de la vivencia y experiencia de condiciones de trabajo incomodas, que
sostenidas en el tiempo se pueden convertir en condiciones de riesgo
denominados técnicamente riesgos psicosociales en el trabajo, es una obligación
no solo legal sino humana.
Algunas de estas condiciones como por ejemplo los estilos de
supervisión autoritarios, el poco apoyo de compañeros y jefes, las altas
exigencias y cortos plazos de entrega, la poca claridad en el rol que se
desempeña, la baja valoración y reconocimiento, entre muchos otros; terminarán
afectando de forma progresiva a las personas que trabajan bajo esas
condiciones. Por su parte, según sea su intensidad y frecuencia, se manifestará
inicialmente en una gama de malestares, pero de no ser identificadas y gestionadas
por parte de la empresa, generaran efectos negativos en la salud y el bienestar
Estos malestares se manifestarán de diferentes maneras en un
conjunto de tonalidades desde las más ligeras e incomodas hasta el padecimiento
de un trastorno. Este “Mal Estar” podrían en progresión, desde
experimentar incomodidad (emocional), dificultad para la atención y
concentración, conflictos frecuentes con compañeros, no encontrar propósito a
las tareas laborales, cansancio, agotamiento, ansiedad, depresión
De modo que la verdadera prevención pasa por detectar estos
malestares antes de embarcarnos en diagnóstico y consideraciones clínicas que llegarán
tarde, aunque serán necesarias por supuesto, porque ya se habrá instalado el
sufrimiento.
He intentado acercarme desde una mirada más
reflexiva que invita a una comprensión con matices de la salud mental en el
ámbito laboral, reconociendo la diversidad de experiencias y abogando por la
prevención activa de los riesgos psicosociales en el trabajo.
En una próxima publicación hablaremos sobre
algunos de los modos de accionar en esta prevención activa.

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