Esta coexistencia permanente de fuerzas opuestas es un aspecto fascinante de nuestra experiencia cotidiana. Hoy en día, observamos una marcada preferencia por enfatizar la luz en sus múltiples expresiones; desde lo físico hasta lo emocional, abarcando la alegría, la claridad, el optimismo y la esperanza, llegando incluso a idealizar la felicidad. Sin embargo, la oscuridad tiende a ser evitada, silenciada y raramente explorada.
Cuando la oscuridad física se manifiesta, nos confronta con nuestra fragilidad, suscitando algunas preguntas simbólicamente esenciales:
¿Cómo hemos respondido a esta oscuridad?
¿Con evitación, resistencia o un intento de comprensión?
¿Qué pensamientos y creencias tenemos sobre ella?
¿La vemos como algo puramente negativo, una potencial vía de aprendizaje, o algo de mayor complejidad?
Nosotras desde lo femenino, ¿cómo habitamos las oscuridades?
¿Cómo construimos y creamos antifragilidades en comunidad en sororidad?

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