Cuando hablamos de la aceptación
es muy fácil confundirla con resignación.
Esta diferencia es a mi modo de
ver, explicada de una forma brillante por Gerardo Schmedling: “debemos darnos
cuenta que la resignación es una limitación mental, mientras que la aceptación
es una comprensión de la realidad del orden del universo. Por supuesto que
mientras yo no conozco el fondo yo puedo suponer que aceptar es resignarme, más
fíjense bien: si acepto algo que no he comprendido, no lo acepté, me resigné.
Si yo de veras acepto algo, es porque lo he comprendido y si lo he comprendido,
eso es liberador”
Transformar nuestro dialogo
interior es otro paso hacia la aceptación; para esto hay que permanecer atento
a los pensamientos que generamos alrededor de la situación que nos disgusta o
que no podemos cambiar, ¿Cuanta carga negativa tienen?, ¿Cuáles expectativas
hemos construido alrededor de la situación? ¿Cuáles expectativas son propias y
cuales pertenecen a otros?.
Seguir avanzando unos pasos más para
peguntarnos: ¿desde cual o cuales nuevas
ópticas podemos interpretar esa realidad?, la indagación de nuevas miradas nos
aleja del disco rayado de nuestros pensamientos conocidos y habituales.

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