En una publicación anterior denominada: “Mas sobre la empatía” del 7 de junio de 2021, señalamos la existencia de las neuronas espejo, las cuales se activan al observar en el otro estados motores, perceptivos y emocionales; este hallazgo ha permitido avanzar en la comprensión de funcionamiento del cerebro empático.
De forma intuitiva, concebimos a
la empatía como un camino hacia la “no violencia”. Sabemos que la empatía
desempeña una función inhibidora en la violencia: cuando alguien es capaz de comprender
emocionalmente al otro (recordando que comprender no implica estar de acuerdo
con lo que piensa, siente y hace ese otro) es menos probable que llegue a
causarle daño.
Esta afirmación se fundamentaba
en la experiencia, el aprendizaje y la observación de los resultados de la
denominada: “Educación para la empatía”, sin conocer los fundamentos biológicos
que se encuentran en la base de esa inhibición, tal y como lo señala Luis Moya
Albiol.
Las investigaciones con
neuroimagen sobre la relación entre cerebro y empatía señalan que las zonas cerebrales
asociadas con la empatía coinciden en gran medida con las relacionadas con la
violencia. Esto evidencia que los circuitos neuronales asociados a la empatía y
a la violencia estarían controlando en buena medida tanto la capacidad de
comprender y sintonizar emocionalmente con el otro, así como de causar algún tipo
de agresión.
Estos hallazgos no implican que
una persona empática no pueda exhibir comportamientos violentos, sin embargo, lo
que si evidencia es que cuando una persona empatiza con el otro le resultara
más difícil actuar de forma violenta, al menos en los momentos en los cuales está
siendo empática.

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